lunes, 21 de noviembre de 2016

La mala educación

"Estáis convirtiendo a vuestro hijo en un niño antisocial". "Ese niño no va a saber relacionarse porque siempre está con vosotros". "Lo sobreproteges demasiado". "Necesita ir a la guardería para socializar". "Deja que sea independiente, no lo protejas tanto".....

Cuántas de estas frases absurdas y sin sentido habéis oído?? Muchas verdad? Creerme si os digo que esta semana estoy saturada de estos comentarios. Y digo yo, así por pensar en voz alta, y a ustedes que les importa como eduque yo a mi hijo?? Ains que a gusto se queda una.

Y es que de forma común, absolutamente todos los días, nos planteamos disputas entre quién lo hace bien y quién mal. Discutimos encarecidamente defendiendo a ultranza que el modelo que seguimos es el correcto, y todo lo demás es un desastre horripilante y nos compadecemos del pobre que eduque a su criatura de forma distinta a la nuestra. Mostramos artículos de revistas, estudios, publicaciones, a favor de lo que estamos defendiendo. Pero yo pregunto, ¿en algún momento nos hemos planteado si otro modelo de crianza puede estar bien?

Bien, ahora que recién despiertos de una mini siesta (que afortunado el que se acabe de despertar, aquí hoy el erizito ha decidido no darnos tregua), acabáis de leer con los ojos legañosos el inicio del post, os propongo un reto. Sí, lo sé, es lunes y cuesta un poco, pero venga, que sólo os voy a robar unos minutitos. Serviros una taza de café y leerme un poquito, lo mismo después de ésto, haya quién se de cuenta de que otra crianza es posible....

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El Apego 

Las interacciones tempranas entre el niño y la figura encargada de proveerle de cuidado y protección, son el núcleo desde el que se generará gran parte de las competencias psicológicas de los individuos a lo largo de su vida.  
Unas interacciones cálidas, sensibles, consecuentes con las necesidades del niño y adaptadas a sus capacidades son un Factor Protector y Promotor de salud, que es tanto como decir, de progreso en todas las áreas del desarrollo. Un individuo que se ha sentido “comprendido”, reconfortado y seguro en los momentos de mayor vulnerabilidad y dependencia (durante los primeros meses de su vida), probablemente se enfrentará a los retos del desarrollo de una forma confiada y tranquila.

A raíz de este conocimiento, vamos a profundizar un poco más en el tema del apego, y su implicación ne el desarrollo emocional y cognitivo del niño.

INTERACCIONES TEMPRANAS Y DESARROLLO

Los hallazgos en el terreno del desarrollo cerebral en relación con la génesis y progreso en el ámbito emocional es, sin duda, uno de los que más trascendencia tienen para nuestra comprensión del desarrollo psicológico.
Durante el primer y segundo año de vida, el cerebro del niño va haciéndose cada vez más complejo y funcional. Ello supone la maduración de áreas más avanzadas en nuestra filogénesis, la activación de redes neuronales responsables de fijar patrones (relaciones entre estímulos y respuestas) que se irán haciendo más complejas y que funcionarán como mapas emocionales que serán guías para el sentimiento y la conducta del niño a lo largo de su infancia.  A lo largo de la segunda mitad del primer año las conexiones se van asentando y haciendo más complejas, el niño amplía su rango de expresiones para manifestar necesidades y estados internos y, a la vez, va evolucionando en su capacidad para comprender y regular dichas necesidades y estados. Pero esta maduración, necesita el concurso de otros seres humanos.,  el bebé es un proyecto interactivo que sólo se desarrollará con la ayuda de otro ser humano. Y ello para convertirse, así mismo también, en un ser “humano”, es decir biológico, psicológico y social.

Uno de los primeros hitos del desarrollo humano consiste en buscar y encontrar la coincidencia, la sincronía con otro ser humano. Para ello, el bebé necesita un adulto que sea capaz de captar sus necesidades y responder a ellas de una manera adecuada. Por lo general suele ser la madre y el padre y que en la literatura de la vinculación afectiva de apego se denomina Figura de Apego.

LA VINCULACIÓN AFECTIVA DE APEGO   

John Bowlby propone un modelo comprensivo y ecléctico que relaciona el primer vínculo afectivo entre los seres humanos y sus cuidadores principales, con el desarrollo afectivo y social a lo largo de la vida. Las características de este vínculo pueden resumirse en los siguientes aspectos, carácter innato, respuesta a funciones de índole biológica y psicológica, elaboración del proceso de apego, y las distintas formas de vinculación afectiva.
El vínculo afectivo de apego tiene como entre sus misiones principales regular la conducta de proximidad y exploración del entorno. El niño irá combinando progresivamente la necesidad de seguridad y protección que le aporta la cercanía de su madre, con la aceptación de su separación y la capacidad para indagar y adentrarse en experiencias y entornos novedosos y alejados de la madre, lo que resulta imprescindible para un adecuado desarrollo. Cuando el bebé se siente amenazado, activa el Sistema Comportamental de Apego, un conjunto de acciones físicas y emocionales (llorar, estirar los brazos, girar el cuerpo, moverse cuando es autónomo, agarrarse, etc.) que llevan a llamar la atención de la madre, procurar y mantener la cercanía física. Una vez que dicha sensación de amenaza desaparece porque el niño se siente tranquilo y confiado con la cercanía de la madre, se desactiva dicho sistema, de manera que el niño puede alejarse de la madre y seguir explorando el entorno, se desactiva el sistema comportamental de apego y se activa el sistema comportamental exploratorio.

El apego es un proceso. La vinculación afectiva de apego se  construye a través de una serie de fases o etapas a lo largo de los tres primeros años de vida y es la consecuencia del aprendizaje del niño del grado de ajuste entre sus demandas y las respuestas del adulto cuidador principal.

La vinculación afectiva de apego ha de interpretarse desde una perspectiva sistémica y ecológica es decir, aquella que tiene en cuenta: a) que  dichas relaciones conciernen a (al menos) dos seres humanos que se encuentran, ambos, en desarrollo; b) que las interacciones se encuentran mediatizadas tanto por las características psicológicas y afectivas de la madre como por las del niño y, por último; c) que la vinculación afectiva de apego se construyen en un contexto que la matiza.    

La relación de apego se convierte en guía para interpretar el mundo social y afectivo. Hacia el final del segundo año, la relación pasa del plano de contingencias físicas (demanda del niño – respuesta del cuidador) y de tener características puntuales, al plano mental. Esta internalización que Bowlby denomina “Modelo Interno de Trabajo” (Internal Working Model), es la representación mental infantil de la relación afectiva. Dicha  representación se compone, al menos, de los siguientes elementos: a) una imagen de sí mismo y de la figura de apego como seres psicológicos y emocionales; b) información acerca de la naturaleza de la relación afectiva, y c) expectativas acerca de las respuestas de la figura de apego ante las demandas de afecto y protección. La representación mental  contiene por una parte, la percepción del niño de cuál es el sentimiento que promueve en sus figuras de apego y, por otra, las respuestas que generan sus demandas, acciones y sentimientos en dichas figuras.

¿CÓMO SE CONSTRUYE EL APEGO?

Hacia los siete u ocho meses, los bebés han establecido ya un vínculo de apego con su cuidador y hacia el segundo año, la relación está organizada de manera que muestra una serie de componentes comportamentales claros en relación a su figura de apego en situaciones que activan el sistema comportamental de apego.

Cuando se intenta separar a la madre u otro cuidador principal del niño se crea una situación de desapego que influye negativamente en el niño y en el cuidador.  Las demandas de los niños cesan, pero ello no significa, necesariamente, que el niño se encuentre en un estado de calma, sino que son el resultado de  un proceso mental y emocional de asunción de que la figura de apego no volverá. Este aspecto es muy relevante para actuaciones en las que el cese de las llamadas infantiles (como el llanto) puedan interpretarse como un logro positivo, siendo todo lo contrario, ya que se trataría de una adecuación del niño en su plano emocional, en respuesta a la ausencia del cuidador, creándose con ello una sensación de desamparo e inseguridad en el niño, con todo lo que ello conlleva en su desarrollo cognitivo y emocional.

Una de las misiones del vínculo de apego, como hemos visto, es la búsqueda de la proximidad física y emocional de la madre, pero otra es la de regular la conducta de proximidad del bebé o el niño pequeño hacia su madre y en relación con ella, regular la capacidad del pequeño para explorar el entorno en presencia o ausencia de la madre. Cuando el niño se sienta amenazado o inseguro se activarán conductas que busquen la proximidad con la madre y, por tanto, ello hará que deje de explorar el entorno.

DIFERENTES ESTILOS DE INTERACCIONES  AFECTIVAS: LOS TIPOS DE APEGO 

Los adultos muestran diferentes estilos de respuesta afectiva, que dan lugar a diferentes estilos o patrones de relación afectiva de apego que se denominan: Apego Seguro, Apego Inseguro Evitativo, Apego Inseguro Ambivalente y Apego Inseguro Desorganizado.

- Los niños que se clasifican como con Apego Seguro hacia sus cuidadores principales, han aprendido que  éstos responderán a sus demandas de ayuda y protección y que lo harán de manera que les confortarán. Por tanto, les buscarán ante todas aquellas situaciones que se vivan como amenazantes, situaciones estresantes o simplemente novedosas. En el primer caso, buscarán de forma controlada y regulada la ayuda y el refugio de su figura de apego, le pedirán de manera explícita o implícita su protección. En el caso de situaciones o personas extrañas al niño, éste buscará  en su figura de apego, “indicadores de confianza”, explorará la situación y los objetos novedosos tomando como referencia la activación emocional de la figura de apego. Si ésta expresa emociones como el miedo, la inseguridad o el enfado, el niño tenderá a interpretar que dicha situación o persona no resulta de confianza y buscará la protección de su figura de apego. Este mecanismo de “búsqueda e interpretación de indicadores de confianza” se denomina referencia social y aparece hacia el final del primer año, cuando el vínculo de apego se encuentra instaurado y el cuidador principal se ha convertido en una base segura.
Los precursores de un niño seguro y confiado pueden encontrarse, de manera genérica, en la sincronía emocional y afectiva entre sus demandas y las respuestas de la madre.  Esta sincronía afectiva tiene su origen en la sensibilidad maternaAinsworth et al. (1978), definen el concepto de sensibilidad materna en torno a una serie de actitudes: La primera de ellas es la aceptación del niño en todas sus facetas y dimensiones, su carácter y limitaciones. Otra actitud señalada por los autores es la cooperación y que se refiere a una visión del niño en la que el ajuste entre el control y el afecto se produce de forma natural. La madre debe respetar los tiempos y necesidades el niño, de manera que no resulte intrusivo o invasivo, ajustando y acompasando sus actuaciones a las necesidades y capacidades del bebé. En tercer lugar, una madre sensible se muestra accesible y disponible cuando el bebé requiera su atención. Por último, los autores señalan como una actitud fundamental de la sensibilidad, la capacidad materna para expresar sus emociones y para procurar un entorno en el que el niño pueda expresarlas libremente sin ser juzgado o sancionado, siendo atendido sin reproches cuando ello se produzca.

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Los niños que han establecido un apego seguro, sobre la base de relaciones cálidas y sensibles generan un Modelo Interno de Trabajo, es decir, una imagen de sí mismo como eficaces y capaces, lo que incluye la capacidad de gestionar el miedo ante la amenaza. Estos niños son capaces de integrar procesos cognitivos y emocionales, de manera que ambos operan de una manera ajustada. Han aprendido a reconocer sus emociones y a gestionarlas de una manera adecuada. Esto supone no sólo la capacidad de enfrentarse mejor a las adversidades y retos, con menor estrés e inseguridad, sino también a “recomponerse” ante los acontecimientos amenazadores ya que su emocionalidad y estrategias de afrontamiento son equilibradas.

Algo fundamental en el desarrollo del apego, entendido como "díada padre/madre-hijo", es la función de la parte adulta de esta relación.  Una de las etapas más demandantes de la edad adulta es la paternidad. Las tareas de la parentalidad conllevan la responsabilidad y despliegue de estrategias afectivas y comportamentales. Es por ello que resulta fundamental, una buena base educacional en los padres, que repercutirá en su respuesta hacia su hijo.
Es primordial entender que la sincronía emocional depende en gran medida de la aceptación del niño como hijo, sólo mediante esta aceptación se vivirá como alguien valioso en sí mismo tal y como es, con sus características y peculiaridades y con necesidades que han de ser satisfechas por adultos comprometidos con su desarrollo  

Así mismo, es importante destacar que, algunas circunstancias como el nacimiento prematuro o la discapacidad, han sido estudiados como factores que pueden influir en la vinculación afectiva temprana y, casi siempre interpretado desde sus efectos en la percepción parental del niño y su crianza.

Como resumen de todo lo que acabamos de exponer, podríamos decir que la toma de conciencia por parte de los adultos de la necesidad innata y permanente de sentirse refugiados, queridos y seguros a cualquier edad y más en las primeras etapas de la vida, cuando estamos construyendo nuestra forma de ser  y de enfrentarnos al mundo y a nosotros mismos, es la clave para “inventar” y “surcar” una nueva senda evolutiva.


Después de este pedazo de parrafada que os acabo de soltar, y que se la debo al maravilloso estudio en el que estoy inmersa, sólo me queda haceros un comentario: NADIE PUEDE JUZGAROS!! Educar y criar a vuestros monstruitos como mejor creáis que es para ellos, porque como siempre os decimos desde Mímame Mucho, vosotros sois los mejores padres para vuestros hijos!!

Y recordad, besarles, achucharles, tiraros al suelo con ellos, y pasad todo el tiempo que os de la gana juntos, ya habrá tiempo de ir al cole, y de que no quieran dormir con vosotros.....

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